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O Grove (08.09.2007)
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La variada oferta
de O Grove nos proporcionó un día completo
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| El calor fue apretando pero con la protección de gorros y viseras y la botellita de agua que facilitó la organización, el camino se hizo ameno con la satisfacción en el rostro de los caminantes ya que muchos habían estado antes por la zona pero nunca habían recorrido este precioso trozo de la franja costera grovense. El camino nos llevó directamente al restaurante del Hotel Cons da Garda, en donde teníamos concertado el almuerzo, aunque Luis Miguel solicitó un pequeña dispensa y llegó solo, perfectamente a tiempo hay que decirlo, porque no pudo evitar la tentación de darse antes un bañito en la límpidas aguas con que el océano besaba los finos arenales (que poético, snif!). | |
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Tras la incorporación vía autobús de los que se habían quedado en el primer tramo, dimos cuenta del almuerzo, compuesto de sabrosa empanada, langostinos y lomos de bacalao que resultó plenamente satisfactorio y nos cargó las pilas para una tarde completita de actividades, eso sí, de escaso esfuerzo físico que ya nos llegó con la caminata matinal. Por problemas técnicos, la empresa de catamaranes contratada nos retrasó media hora la salida del barco aunque esto permitió una sobremesa dilatada. |
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| Un tramo corto en bus y ya estábamos en el puerto de O Grove dispuestos a enfrentar el mar bravío... es un decir. Nuestro barco partió primero hacia las bateas mejilloneras en donde un miembro de la tripulación completó las explicaciones megafónicas del patrón con la muestra habitual de las cuerdas de cultivo de mejillón y ostra en la cubierta del polígono y, gracias a las ventanas de visión submarina, pudimos observar su disposición bajo el agua. | |
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No faltó, como es lógico, la clásica degustación del producto autóctono más famoso (el mejillón), riquísimo, abierto al vapor y acompañado del preceptivo vino blanco o bien agua y refrescos para los abstemios y tiernos infantes. Pero no acabó ahí el espectáculo porque en nuestra singladura entre las bateas tuvimos la suerte de contar con la compañía de varios delfines que hicieron las delicias de todos mostrando el lomo con sus perfectas piruetas. Fue algo especial porque, sin ser extraordinario, no siempre se tiene la suerte de disfrutar de una avistamiento de este tipo. A la fiesta se sumaron las gaviotas, que siguieron el ritual de acercarse para recibir las sobras del convite. En nuestro grupo, la incansable y locuaz Belén (11 añitos) se atrevió a darles de comer de su mano, como refleja la foto del nuestro compañero Daniel Soto, quedando patente el magnífico y preciso control de vuelo que atesoran estas aves, cuya molestia en las ciudades se torna agradable compañía en las travesías por mar. |
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De regreso al embarcadero, hubo tiempo para hacer algunas compras menores, ya fueran las fotos 'oficiales' de la entrada al barco o las baratijas habituales de bisutería en los tenderetes dispuestos a lo largo del malecón. Finalizada la orgía adquisitiva, allá rodamos hasta el siguiente punto de interés, el Aquarium Galicia en Punta Moreiras, en donde teníamos concertada una visita guiada. |
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Durante una hora muy agradable, la paciente guía Marta (vaya preguntitas que hacen los niños...) nos llevó por las diversas 'piscinas' mostrándonos las diversas especies y explicándonos su forma de vida, sus rituales y costumbres. Especial interés, como experiencia y desconocimiento que tenemos en general, tuvo el paso por la vitrina abierta de las estrellas de mar y erizos. Los niños pudieron sostener en su mano a ambos pobladores de los fondos marinos aunque a algunas como Irene (8 años) les dio al principio un poco de 'grima'. Terminamos la visita con el paso por la zona de acuicultura de agua salada y dulce, con besugos, rodaballos, lubinas, doradas, carpas, etc. y la exposición de la planta superior donde lo que más impactó fue un gran montón de basura que se encontró dentro del cuerpo de un cetáceo capturado. |
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| Llevábamos un buen número de actividades pero aún nos restaba la guinda a un maravilloso día con la visita al Monte Siradella, techo de la península y observatorio de excepción del entorno natural que la rodea en su parte de unión con el continente: el complejo intermareal Umia-Grove. Aparcamos el bus y junto a los miradores está el Centro de Interpretación de la Naturaleza. Allí nos esperaba uno de sus monitores, Manolo, que con su particular y amena charla didáctica nos mostró la belleza, el encanto y también las agresiones y peligros que acechan, en su mayoría culpa del hombre, a este lugar tan especial de la geografía gallega. | |